Francisco Antonio Villaamil y Logares

Serantes, noviembre de 1672 — Serantes, 25 de noviembre de 1732

Francisco Antonio Villamil y Logares, Francisco Antonio Fernández de Villaamil, Francisco Antonio Fernández de Villamil

Francisco Antonio nació en Las Nogueiras en noviembre de 1672, co­mo tercer hijo de Arias Fernández de Villaamil y Villar (16xx-1712) y de Jo­sefa María Logares (164x-1718). Fue bautizado el 14 de noviembre, siendo sus padrinos Arias de Omaña y Ribadeneira, señor de la casa de Villar en Miudes, y Angela Fuertes Navia y Sierra, esposa de Lorenzo de Cancio Donlebún, señor de Casariego.

Hacia 1700 decide dedicarse a la carrera eclesiástica. Previamente a esa fecha había recibido las órdenes menores y había hecho estudios de artes y teología. Su hermano Baltasar José había hecho lo mismo, recibiendo las órdenes menores en Mondoñedo en 1691 y graduándose de bachiller en Sagrado Derecho Pontificio en Santiago de Com­postela en 1693, y quizá Francisco Antonio le siguió por esos mismos lugares.

Sin embargo la obtención de las órdenes mayores se convirtió para Francisco Antonio en una asombrosa carrera de obstáculos, durante la cual en varias ocasiones tuvo que litigar, y fue procesado y encarcelado. Fue ordenado subdiá­cono en 1707, diácono en 1719 y presbítero 1720, consiguiendo la autorización definitiva para ejercer libremente el ministerio en 1722 gracias a la donación de patrimonio y rentas que hizo Lorenzo de Cancio Donlebún (marido de su madrina) a la iglesia para que Francisco Antonio se pudiese ordenar sacerdote y ser capellán.

Unos años antes de 1725, el Palacio de las Nogueiras fue incautado por la Santa Cruzada (institución eclesiástica dedicada a gestionar los ingresos cedidos por la Santa Sede a la corona española para su utilización en la defensa de la fe católica), por denuncia del párroco de Serantes Domingo Pérez de la Yglesia, que actuaba como juez de la Santa Cruzada en el partido de Castropol.

Formalmente, el origen de ello fue la aparición de una barrica de aguardiente flotando en el mar en aguas de Tapia, hallazgo del cual Arias Fernández de Villaamil (padre de Francisco Antonio) se limitó a dar fe, ya que era escribano, y a hacer entrega de ella al Concejo de Castropol. La Santa Cruzada esgrimió sus derechos de propiedad sobre todos los bienes procedentes de naufragios que aparecieran en la costa, envió a Arias a prisión y se incautó de todos sus bienes.

Pero para hacernos una idea de los motivos reales de la denuncia y la brutal actuación de la Santa Cruzada debemos retroceder unos cuantos años atrás. A finales del s. XVII, o tal vez en los primeros años del XVIII, quedó vacante la parroquia de Serantes. La familia Donlebún ejerció su derecho de presentación (que consistía en que los nuevos párrocos que nombrara el obispo fueran propuestos o recomendados —presentados— por el titular de este derecho) y propuso a Domingo Pérez de la Yglesia, que fue nombrado por el obispo.

Pedro Lorenzo Villaamil y Bolaño, señor de la casa solariega de Villaamil, interpuso un recurso contra esta decisión del obispo al considerar que dicho derecho de presentación correspondía ejercerlo a la casa solariega de Villaamil y no a los Donlebún. Este recurso no fue tenido en consideración por el obispo, que mantuvo a Domingo Pérez de la Yglesia como párroco. Sin embargo, parece que este último guardó rencor contra los Villaamil a raíz de todo ello.

Parece que este rencor contra los Villaamil podría haber sido el motivo real de Domingo Pérez de la Yglesia para denunciar a Arias Fernández de Villaamil. Y también el de la brutal actuación posterior de la Santa Cruzada contra él y sus hijos. Probablemente unido al hecho de que Arias Fernández de Villaamil y sus hijos habían actuado como abogados en varios juicios representando a terceros contra diferentes instituciones eclesiásticas, parece que con bastante éxito.

Estas parecen ser también las causas de las penalidades que sufrió Francisco Antonio para lograr ser ordenado sacerdote.

Finalmente, tras varios años de litigio y ya fallecido Arias, Francisco Antonio y sus hermanos pudieron recuperar sus propiedades.

A partir del momento de la recuperación de Las Nogueiras la vida de Francisco An­tonio parece que pudo entrar en una fase de cierta normalidad. Allí vivió y sufragó la cons­trucción en 1725 de la capilla de San Miguel, en cuya fachada él y sus hermanos (Bernabé, Baltasar, Mariana, Marcos y José) hicieron colocar una lápida a modo de manifiesto reivindicativo y ensalzatorio de la familia tras recuperar la casa. En dicha lápida los hermanos firman con el apellido de su padre Fernández de Villaamil, en lugar de Villaamil y Logares.

El 27 de septiembre de ese año y aún en Tol ha­bía formali­za­do en escritura pública la erección de la misma junto a las casas que habían quedado de D. Arias Fernández de Villaamil, actuando como testigos sus tres hermanos; una copia del documento forma parte del Libro de Fábrica de la parroquia de Serantes.

Francisco Antonio desempeñó la capellanía del Santo Cristo de la Vera Cruz de San Esteban de Tapia. En 1727 era mayordomo autual de la capilla de San Lázaro de Ferradal. Y en 1728 pleiteó con Mauro Fernández de Río, cura de Barres, por el beneficio de la iglesia de Serantes.

En 1729 profesó en la Orden de Terceros en el convento de los franciscanos de Ribadeo. Por esa época impartió clases de Gramática, Retórica y Artes al hijo de un acreedor.

En 1731 terminó de escribir un interesantísimo manuscrito sobre la historia del antiguo concejo de Castropol.

La vida de Francisco Antonio tocó a su fin en noviembre de 1732, cuando enfermó, testó y murió el 26 de noviembre en Las Nogueiras. Y allí fue enterrado en su capilla, tal y como había dispuesto en su testamento.

Francisco Antonio dejó escritos numerosos documentos con información relevante sobre la historia de su familia, así como de Serantes, Tapia y Castropol.

El 9 de junio de 1689 el padre de Francisco Antonio, Arias Fernández de Villaamil, actuando en calidad de escribano testimonió una copia del privilegio de inmunidad otorgado en 1140 por Alfonso VII al primer Bartolomé Yáñez de Villaamil. Este hecho pone de relevancia, no sólo la existencia de relaciones personales entre los Villaamil de la casa solariega y los de Las Nogueiras a finales del s. XVII, sino que además estos últimos tuvieron acceso al archivo documental de la casa solariega. O cuanto menos, Arias Fernández de Villaamil lo tuvo.

Por tanto, cuando Francisco Antonio y sus hermanos redactaron el texto de la lápida del Palacio de las Nogueiras, lo hicieron en base a información documental que al menos su padre había conocido de primera mano. Y lo mismo cabe señalar sobre la amplísima información genealógica e histórica que dejó Francisco Antonio en numerosos escritos.

 

Lápida de Francisco Antonio Villaamil y Logares en la capilla de San Miguel del Palacio de las Nogueiras.

 
 
 
 

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