FOTOTECA HISTÓRICA DE LA FAMILIA VILLAAMIL DE LAS NOGUEIRAS





Ramona Lastra Maimó, viuda de Lino Villaamil y Sanjurjo, hacia 1880.



Jesús, Antonia y Lino Villaamil Lastra.




De izquierda a derecha: Juana Cancio Menéndez de Luarca, Eugenia (hermana de Juana) y Jesús Villaamil Lastra.

José Benito Cancio y Queipo de la Mesa, padre de Juana Cancio Menéndez de Luarca, y dueño del Palacio de las Cuatro Torres de Castropol y del Palacio de los Cancio de Meredo.

Justo Cancio Menéndez de Luarca, hermano de Juana y cuñado de Jesús Villaamil Lastra.

 

Sentados: Jesús Villaamil Lastra, Luisa Menéndez de Luarca y Juana Cancio con dos hijos de Jesús y Juana hacia 1900 en las Cuatro Torres.




De izquierda a derecha y de arriba a abajo: Lino, Luisa, Teresa, José y María Antonia Villaamil Cancio.




Luisa, Lino y Teresa Villaamil Cancio. Sobre la silla, su prima María Flórez de Sierra y Cancio.

De izquierda a derecha: Teresa, Luisa y María Antonia Villaamil Cancio.

 

María Antonia Villaamil Cancio en las Cuatro Torres hacia 1930.




María Antonia Villaamil Cancio y Antonio López Cotarelo (con uniforme de capitán médico), probablemente hacia 1928 o 1929.




Luisa y Teresa Villaamil Cancio con tres sobrinos en la playa de Serantes hacia 1951.

Antonio López Cotarelo con sus cinco hijos varones en la Playa de Serantes hacia 1954.

 

Rosa y Carmen Méndez Fernández con Lino López-Cotarelo Villaamil hacia 1958.




Antonio López Cotarelo cruzando la ría del Eo desde Castropol hacia Ribadeo en un bote de pasaje hacia 1960.

Antonio López Cotarelo, general de sanidad militar, probablemente hacia 1961-62.

 

Rosa y Carmen Méndez Fernández en Las Nogueiras en 1976 y 1995.




Francisco Méndez Pérez, Paco de Ron, y Benigna Alonso de la Casa de Ron en 1992.












Siega y recolección de hierba, para alimentar ganado bovino estabulado para producción de leche, frente a Las Nogueiras:

  • En 1961 trabajos con carros, animales de tiro y herramientas manuales.
  • En 1984 trabajos mecanizados con tractores agrícolas pero todavía con herramientas manuales (horcas o palaganchas).
  • En 2018 trabajos plenamente mecanizados con tractores agrícolas de mayor tamaño y potencia y cosechadora.

Hasta la llegada de la mecanización agrícola, la electricidad y el agua corriente a mediados del s. XX, y de la telefonía y las concentraciones parcelarias a finales del mismo siglo; la tecnología agrícola, el paisaje y hasta la vida misma en el mundo rural se parecían más al s. XII que a la actualidad.

Por otra parte, en las fotografías de 1961 se aprecia al fondo una gran masa forestal en los acantilados sobre la playa del Sarello (ver fotografía de la derecha de dicho año). Se trataba de un pinar autóctono, natural y espontáneo de pino gallego (Pinus pinaster Ait. ssp. atlantica) que desapareció en los años 80 en un incendio presumiblemente provocado. El pino gallego soporta bien los suelos arenosos (con escasa capacidad de retención de agua) y los vientos salinos, por lo que estos pinares constituyen la etapa de vegetación natural más desarrollada posible (clímax ecológico) en los arenales y dunas de las playas y también en los acantilados marinos expuestos a fuertes vientos marinos. Creemos que estos pinares estaban presentes al fondo de los sistemas dunares de las playas de Penarronda y del Sarello, constituyendo la primera franja de vegetación leñosa y arbórea tras las herbáceas halófitas que crecen sobre las dunas. Y también constituían la vegetación natural de los acantilados marinos. Lamentablemente, en la actualidad todos los pinares litorales han sido totalmente eliminados en Serantes, y tan solo perduran algunos ejemplares de pino aislados y retorcidos por el viento. Las actuaciones de conservación y restauración ecológica realizadas en las playas del Sarello y Penarronda no han contemplado la restitución de estos pinares debido a la existencia de prejuicios contra los pinos y pinares autóctonos contrarios a toda la evidencia técnica y científica.

Obsérvense también el fuerte crecimiento del arbolado de la ribera del arroyo de la Corza. Y los cambios en la vegetación del monte de La Gavieira en menos de 25 años:
  • En 1961 con una masa irregular —árboles de diferentes edades y tamaños entremezclados— y con espesura incompleta —con parte de la superficie no cubierta por las copas de los árboles— de pino gallego (Pinus pinaster Ait. ssp. atlantica) autóctono con mucho matorral heliófilo —tojo (Ulex europaeus L.), muy pirófito— en los claros desarbolados. Resultado de la aplicación de un tratamiento selvícola cortas de entresaca pie a pie, que por su dificultad de aplicación degeneraba en huroneo, derivando en una mala regeneración del pinar, con la consiguiente progresiva pérdida de la superficie arbolada y una invasión del matorral heliófilo en los claros. El resultado es una masa con cada vez menos árboles y de peor calidad tecnológica, y un combustible muy altamente inflamable y con continuidad vertical entre el matorral pirófito y las copas de los árboles, correspondiente a un modelo intermedio entre el tipo 6 y el 7 del modelo de combustible de Rothermel, con una gran cantidad de combustible (entre 10-15 t/ha de materia seca) y con continuidad vertical. Un monte degradado, altamente inflamable y muy propenso a un potente fuego de copas.
  • En 1984 una masa coetánea y con espesura trabada —copas solapadas— de pino de Monterrey (Pinus radiata D.Don) y algunos eucaliptos (Eucalyptus globulus Labill.) alóctonos, aparentemente en una clase de edad de latizal alto —10 a 20 cm de diámetro normal— o fustal bajo —20 a 35 cm de diámetro normal— y que necesitaría claramente una clara fuerte o bien ya la corta de regeneración de final de turno. La selvicultura observada en estas masas es la de cortas a hecho en un tiempo, con pocas claras o sin ellas, y regeneración artificial mediante plantación con plántulas de vivero. Se trata de una masa forestal alóctona y monoespecífica, de menor valor ecológico pero más productiva y en mejor estado forestal (y que con la aplicación de claras fuertes por lo bajo mejoraría más aún) que la que existía en 1961. El combustible corresponde con el tipo 8 o el 9 del modelo de combustible de Rothermel, con menos combustible (10-12 t/ha de materia seca), menos inflamable, con menor continuidad vertical, y por tanto muchísimo menos peligroso que el anterior. Sin embargo muy pocos años despúes de 1984 el monte ardió de forma intencionada.
  • En 2018 una masa en estado de abandono, con algunos pocos grandes ejemplares de pino de Monterrey y eucaliptos que sobrevivieron al incendio, muchísimo matorral de tojo altamente inflamable que ha colonizado todas las zonas desarboladas como consecuencia del fuego y una muy incipiente colonización por frondosas autóctonas (nogales, castaños, avellanos, etc.) en este matorral. El modelo de combustible actual es el tipo 6 del modelo de combustible de Rothermel, paradógicamente bastante similar al que existía en 1961. 

 
 

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