FISIOGRAFÍA, ETNOLOGÍA, CULTURA E HISTORIA ANTIGUA
DEL TERRITORIO COMPRENDIDO ENTRE LOS RÍOS EO Y NAVIA


El río Navia como barrera geográfica y límite ancestral entre las tribus galaicas y las astures

El territorio del occidente de Asturias comprendido entre los ríos Eo y Navia fue conocido en la Edad Media como Entrambasaguas, Entrerríos y Honor del Suarón.

En la mayor parte de su trazado el río Navia transcurre encajado en el fondo de un estrecho y profundo valle fluvial. Por ejemplo, en Salime, antes de la construcción del embalse, el cauce se encontraba a una altitud de entre 200 y 300 m mientras las agrestes laderas del valle ascienden hasta altitudes de entre 700 y 1.200 m. Este hecho, unido a los importantes caudales del río, provocó que históricamente el aislamiento entre ambas márgenes del río fuese prácticamente total.


Relieve del valle fluvial del Navia en las cercanías del antiguo pueblo y puente de Salime (hoy bajo el agua del embalse de Salime). Para hacerse una idea de las altitudes, téngase en cuenta que la presa del embalse de Salime (redondeada en color naranja) tiene una altura de 128 m. Fuente: Google Earth.


En más de 70 km de cauce desde el mar, el único puente que permitía cruzar el río Navia era el puente de Salime, actualmente sumergido bajo las aguas del embalse de Salime.

Y anteriormente a la construcción del puente de Salime a mediados del s. XVI, únicamente era posible cruzar el río Navia en su cabecera en la Cordillera Cantábrica. O bien en barca en su desembocadura en la ría de Navia. El aislamiento entre ambas márgenes del Navia era total.

Ya en tiempos prerromanos, la frontera entre los pueblos astures y los galaicos se encontraba en el Navia. Así el territorio comprendido desde el río Navia hasta el río Eo estaba ocupado por las tribus galaicas de los Albiones (margen izquierda del río Navia), Egobarros (margen derecha del río Eo) y Cibarcos (entre los Albiones y los Egobarros). Mientras que las tribus astures estaban al este del Navia.

De hecho, en la Hispania romana la frontera que separaba el Conventus Lucensis (tribus galaicas) y el Conventus Asturicensis (tribus astures) estaba en el río Navia.


 

Castro de Coaña.

 

Castro del Chao Samartín en Grandas de Salime.

 

Estela funeraria de Nícer.

Por otra parte, el territorio que ocupaban las tribus astures en época prerromana y romana no coinciden con los actuales límites provinciales de Asturias, que fueron establecidos en 1833. Así, en todo el territorio situado al oeste del Navia se encontraban las tribus galaicas, como se ha señalado, mientras que el actual oriente de Asturias, al este del río Sella, pertenecía a las tribus cántabras.

Hacía el este, los astures llegaban hasta los ríos Sella y Esla. Por el sur, su límite geográfico era el río Duero, ocupando gran parte de la meseta norte, en las actuales provincias de León, Zamora y Orense y parte de Portugal. Los romanos diferenciaban entre los astures transmontanos (al norte de la cordillera Cantábrica) y los cismontanos (al sur de la cordillera, en la meseta), y se relacionaron fundamentalmente con los segundos. La mayor parte de la información que ha llegado a nuestros días sobre los astures procede de las crónicas e historiadores romanos, y corresponde a los astures cismontanos, y no a los que poblaban la actual Asturias. Por ello, al describir a los antiguos pobladores la actual Asturias se les suele atribuir erróneamente las características y costumbres de los astures cismontanos de la meseta. Y además, tampoco se suele tener en cuenta que una parte importante del territorio de la actual Asturias estaba ocupado por tribus galaicas (al oeste del Navia) y cántabras (al este del Sella), como se ha señalado.

El río Navia constituyó el límite oeste de las guerras asturcántabras en el siglo I a.c..


Los castros y la romanización entre los ríos Eo y el Navia

Merecen especial atención los numerosos castros costeros existentes entre los ríos Eo y Navia. Estos castros están situados en acantilados costeros en los que la vida debía de ser muy dura por la acción combinada del fuerte viento, la humedad, la lluvia y la salinidad del ambiente.

Estos castros costeros galaicos, al igual que en los del interior (como los de Coaña, Chao Samartín o Viladonga ya cerca de Meira), están dotados de potentes sistemas defensivos consistentes en sucesivas líneas concéntricas de fosos y murallas.

Castros costeros de Cabo Blanco en El Franco (izquierda) y de la Punta del Campón en Serantes (derecha).


Potentes murallas defensivas del castro de Viladonga. En este castro predominan los materiales de época romana y tardorromana.

En el occidente de Asturias, estos castros costeros están datados en época romana y tardorromana. Sin embargo, el periodo de dominación romana se considera un periodo pacífico de forma generalizada en todo el imperio. Por ello existe controversia tanto sobre la necesidad y utilidad de los potentes sistemas defensivos castreños, como de la necesidad de habitar en los castros costeros durante la dominación romana.

En las zonas interiores, montañosas y alejadas de la rasa litoral no cabe duda de que —debido al fuerte aislamiento geográfico y a la bajísima densidad de población— la presencia y el dominio efectivo del terriotorio por parte de los romanos fueron débiles y poco efectivas, y que se dirigió de manera preferente y casi exclusiva al control y puesta en producción de las explotaciones de oro y al transporte del mineral extraído (como pone de manifiesto, por ejemplo, el recinto fortificado de San Isidro, utilizado por el ejército romano y ligado al control de las minas de oro).

Consideramos muy posible que en la rasa litoral entre los ríos Eo y Navia también ocurriera lo mismo pese a ser un territorio mejor comunicado internamente (no así con el exterior) y con una mayor población (pues esta llanura costera siempre ofreció unas buenas condiciones para la vida y los asentamientos humanos, especialmente en comparación con las duras condiciones de las zonas montañosas).

Recinto fortificado de San Isidro, campamento romano asociado al control de la minería de oro, situado entre los concejos de Pesoz y San Martín de Oscos. Dispone de importantes sistemas defensivos de piedra hincada.

El imperio romano tendría otras prioridades y urgencias a las que dedicar sus tropas y recursos militares que en intervenir ante los ataques y conflictos locales entre las tribus galaicas en una zona tan inaccesible, remota y marginal del imperio, y que ni siquiera tenía un interés militar como frontera con nada ni nadie. Toda vez que únicamente se habrían garantizado militarmente tanto el control estratégico de la minería del oro, como la aceptación por parte de las tribus galaicas de la presencia romana y el desistimiento a enfrentarse a ellos. Esto explicaría:

  • La necesidad de habitar lugares con unas durísimas condiciones como son los acantilados costeros.

  • La necesidad de contar con las potentes estructuras defensivas existentes tanto en los castros costeros como en los castros del interior.

  • La ocupación de los castros hasta una época tan tardía en contraste con el centro de Asturias.

  • La ausencia de villas romanas conocidas entre los ríos Eo y Navia, también al contrario que en el centro de Asturias.

La presencia de objetos y monedas romanas en los castros galaicos únicamente pone de manifiesto la existencia de comercio entre las tribus autóctonas y los ocupantes romanos, con la consiguiente transferencia de tecnología y aceptación de la moneda romana por parte de la población nativa. Pero no demuestra un fuerte control efectivo ni una total pacificación del territorio por parte de los romanos, como sí ocurrió en la mayor parte de la Península Ibérica. 


Consecuencias

El fuerte aislamiento geográfico del territorio situado al oeste del río Navia respecto al resto de Asturias es todavía hoy apreciable en diferencias culturales patentes en la arquitectura tradicional o en el idioma. Además, los antiguos límites de las tribus prerromanas siguen siendo todavía apreciables en la genética de la población, lo que es concordante con el fuerte aislamiento histórico del territorio hasta tiempos muy recientes. La frontera ancestral entre la lengua, la cultura y la etnia gallega con la asturiana se encuentra cerca del río Navia. Concretamente un poco hacia el este, en la sierra del Palo desde Degaña hasta alcanzar el mar en el límite del concejo de Navia o Valdés.

Las comunicaciones interiores en este territorio limitado por los ríos Navia y Eo también eran extremadamente difíciles y limitadas por el relieve montañoso, con la única excepción de la rasa litoral situada al norte. Las zonas más inaccesibles de este territorio permanecieron aisladas y ajenas a toda presencia e influencia de la administración, la iglesia y la civilización moderna hasta el s. XIX; y en ellas perduró incluso la práctica de la poligamia (de una mujer con varios maridos) cuyo origen se remonta a las tribus prerromanas.

En este territorio, entre el Eo y el Navia se habla, además de español, una variante del gallego sin uniformidad geográfica y cuyo uso era fundamentalmente oral.

Relieve del territorio limitado por los ríos Eo (a la izquierda) y Navia (a la derecha) en relación a los centros del poder feudal de los condes del Honor de Suarón hasta el siglo XII.

A pesar de que desde tiempos ancestrales la frontera cultural entre Asturias y Galicia está en el Navia, la frontera política y administrativa estuvo siempre en el Eo desde la Alta Edad Media, y concretamente en la orilla gallega de la ría.

En la primera mitad del siglo XIX —hace ya doscientos años— ya se planteaba abiertamente en el debate público, la cuestión de si modificar el límite administrativo entre Asturias y Galicia hacia el este, hasta más allá del río Navia conforme a los limites ancestrales entre la cultura galaica y la asturiana.

Esta cuestión de los límites territoriales es reabierta, de forma recurrente, por el nacionalismo gallego.

 

 

 



Bibliografía

  • En torno a la parroquia de Serantes. Antonio y Lino López-Cotarelo Villaamil. Artículo publicado en el libro «Historia de Tapia a través de sus calles. Tomo III.» Ayuntamiento de Tapia de Casariego, Ediciones Nobel. Oviedo. 2005.

 
 

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